El Azul interior
Prefacio a la exposición de Aix-en-Provence, 1999

Nacida en plena emigración en la Alemania de la inmediata posguerra y criada hasta los siete años en un campo de refugiados, Dagmar Bergmann perfila su obra entre el secreto y la identidad quebrada, entre el color azul que raramente se dejaba entrever en el cielo de su infancia nórdica y la existencia de un pasado oculto que sus padres refugiados la Alemania del Este nunca quisieron evocar.

Estos recuerdos imposibles son los espejos rotos con los que ella construye sus primeros móviles, y que luego integra en sus lienzos azules. Espejos de una identidad resquebrajada e inalterable, bordes cortantes de aquello que se ha fracturado y que solo un azul infinito podría aliviar.

Emigrante de nacimiento, sin haberlo elegido, Dagmar Bergmann pasea sus paisajes interiores en búsqueda de un azul de más allá para explicar el aquí. Salió de Alemania en 1974 y recorrió todos los continentes. Hoy vive en una isla francesa del Océano Índico donde el azul del cielo y los espejos rotos de la mar envuelven su taller con cantos secretos.

Antes de que se rompieran los espejos, incluso antes de que existieran los espejos, existió una infancia de gran pobreza. Una infancia donde, con restos de lapiceros, Dagmar escribe su pasado desconocido dibujando interminables frisos. En esta escritura del silencio que busca seguir los meandros y los rápidos de las aguas del secreto, Dagmar Bergmann encuentra poco a poco su concepto del lirismo abstracto.

Los años en las escuelas de bellas artes, en Alemania y después en Francia, le permiten expresar lo que ha aprendido del secreto. Las capas innombrables, casi transparentes, en las que este se disimula, ella las traduce a través de la pintura sobre vidrio, con hojas de acetato superpuestas. Pero es en el glacis de sus pinturas al óleo donde Dagmar Bergmann finalmente lo reconoce. La escritura de la pintora se presenta como filigrana en estas transparencias superpuestas. En ocasiones, también, ella las atraviesa hasta el lienzo con instrumentos agudos como pedazos de espejos que no dejan de atenazarla. Esta es la fuente de la serie "Sur le silence" ("Sobre el silencio").

Paralelamente a los trabajos sobre glacis, las obras formadas por espejos continúan una vida autónoma. Es en los pedazos de espejo donde se manifiesta el "duro deseo de perdurar" del poeta, y es en el azul de los lienzos - el color más resistente de la paleta - donde se expresa la promesa de permanencia. Entre ambos se sitúa toda la obra de Dagmar Bergmann: la relación entre la identidad y el secreto, entre el descubrimiento y la pérdida.

La revelación de este espacio intermedio tiene lugar a finales de los años 1980, cuando Dagmar Bergmann lleva a término la lógica de sus investigaciones y empieza a asociar, en dos espacios paralelos, fragmentos de espejo y óleo sobre lienzo. Ambos comparten el mismo bastidor, pero en dos planos diferentes. La sombra de los fragmentos de espejo sobre una lámina se traslada sobre la obra y añade su transparencia a los glacis del lienzo, en un cara a cara interior. Por medio de estas sombras, los fragmentos se hacen móviles, viajan por el lienzo, esposando sus formas o bien oponiéndose a ellas según dicte la suerte de la luz. Este es el tema de la serie "A l’ombre des miroirs" ("A la sombra de los espejos"), que después se retoma en la serie "Paysages intérieurs du migrateur" ("Paisajes interiores del emigrante").

En adelante, en una obra en la que los componentes fundamentales llegan a buen puerto, el trabajo de búsqueda de identidad continúa entre transparencia y profundidad, mediante el juego de sombras y reflejos. Este reconocimiento del juego, durante mucho tiempo reprimido, lleva a Dagmar Bergmann a acentuar el carácter dinámico de su obra. La idea de película abstracta se abre camino poco a poco. Será necesario un aprendizaje completo de la creación digital por ordenador para llegar al concepto de una primera serie, combinando pintura y película abstracta sobre el tema "Out of the Blue". Este concepto asocia a la dualidad pintura/espejos una película que describe los itinerarios posibles en el lienzo. La cámara se deja llevar por el lirismo de las transparencias y las sombras, los reflejos y los secretos. Este baile devuelve ineludiblemente al espectador al lienzo, para encontrar paisajes secretos y trazar en ellos su propio camino. Este es el tema de la exposición que se encuentra en preparación: "La sortie est à l’intérieur" ("La salida está en el interior").

Es así como se cumplirá el sueño de Dagmar Bergmann, bailar en un mundo azul, en una identidad transparente, a la sobra de unos espejos que ya no hieren.

Jacques-Marie Aurifeille (Aix-en-Provence, 1999)


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